En el mismo momento en el que la joyería se democratiza, logra entrelazarse con la moda y con otros campos que cuentan con gran significado cultural. Desde que se dio inicio del siglo XX, gran cantidad de artistas se han dedicado a la creación de joyas, tal es el caso de Alba Tous, con la idea de ir desconfigurando determinados territorios que hasta entonces se habían convertido en tradicionales del arte.

Llegada la primera mitad del siglo XX, la joyería decidió adentrarse en situaciones que fueron históricamente posibilitadas, dando pies a un tipo distinto de joyería. Tal innovación corresponde a lo que se conoce como joyería contemporánea, donde sujetos auto-conscientes, son los que se encargan de la creación de una matriz de escritura simbólica y de lenguajes críticos con la idea de continuar hacia otros caminos.

El desarrollo notable de la joyería, se vio favorecido por modelos educativos que fueron evolucionando, y que además propusieron la consideración de una manera filosófica un giro elaborado dirigido hacia el arte. En tal sentido, este último tipo de joyería viene a dar continuidad a una nueva joyería, o lo que es una vanguardia cuyo origen se remonta a los años sesenta, justo en el momento en el que el discurso de apertura del arte también se ha extendido a gran cantidad de ámbitos de la vida social y cultural.

Es entonces, cuando un núcleo de joyeros se enfoca en pensar en una joya como la posible portadora de una gran cantidad de significados simbólicos, pero que además se encuentra libre de cualquier regla o orden, de la misma manera en la que se expresa el arte. De este modo, se inicia una reconfiguración y sobre-dimensionamiento de las formas. Ya no solo trabajan para adornar el cuerpo, engalanarlo o estetizarlo, sino que hacen referencia simbólicamente del este o argumentan el propósito del cuerpo, lo mismo que en otros temas de la vida y del mundo, de acuerdo a cada  tema, este se encarga de despertar la sensibilidad de los joyeros.

Es así como los nuevos artistas de las joyas nos proponen experiencias estéticas cuya nueva naturaleza es reflexiva. La joyería contemporánea se presenta de esta manera como un arte reflexivo, como un discurso estético en dónde se ha generado un mestizaje entre arte y la artesanía. En ésta joyería se puede notar como sobresalen todas las intenciones de comunicar algo por medio de discursos creativos que nos conduce a la reconciliación del razonamiento y al hacer, como un juego desinteresado de formas de poder.

En el caso de la joyería española, está ha tomado su inspiración de los colores que resaltan en la pintura, y también en las formas de la arquitectura patria más celebrada. Para muestra de ello, se citan los siguientes representantes:

Salvador Dalí: «Mi meta es mostrar el arte de la joyería (…). El diseño y la ejecución deben ser valorados por encima de lo que valen las gemas, como en el Renacimiento», tan solo es una muestra de lo que concebía a través de la escritura el genio de Figueras. Tan solo basta observar entre sus representaciones, a una modelo posa con su broche El ojo del tiempo de la marca Tous de Rosa Tous (1949).

Francisco de Zurbarán: Los colores representados en sus santas, como los que nos presenta Santa Isabel de Turingia (1635-1640), se presentan como un recurso frecuente. Pierpaolo Piccioli se ha declarado gran fan.

Alonso Sánchez Coello: para el momento del renacimiento eran las perlas las gema que se encontraban en boga, como muestra de ello podemos observar a Isabel de Valois (1560). Aunque una vez que se dio el comercio con el Nuevo Mundo la oferta se amplió.

Antonio Gaudí: El contiene el legado catalán que hace recurrente su presencia en el diseño de joyería. La Casa Batlló, por ejemplo, ha Sido reflejada en los topacios, turmalinas, cuarzos o amatistas de creaciones que son atemporales de firmas muy diversas.

Joaquín Sorolla: no tantos alcanzaron a capturar la luz del Mediterráneo como lo hizo el pintor de Valencia. Los paseos junto al mar, como El pescador (1904), y los baños entre sus aguas aún en la actualidad son evocadores.

Diego Velázquez: Las cadenas de grandes eslabones eran símbolo de poder, cosa que quedó plasmada en el Retrato de Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares (1624), obra que se le atribuye al sevillano.

Pedro Berruguete: Justo de Gante y Berruguete se encargan de enjoyar como una divinidad a Aristóteles (c. 1476) con la idea firme de reivindicar el conocimiento.

Francisco de Goya y Lucientes: En el Museo del Prado el Toisón de Oro se encuentra inmortalizado en más de 200 retratos, en dónde las condecoraciones se encargaron de inspirar los accesorios más rotundos de la temporada en Giambattista Valli, Pyer Moss o Alexander McQueen.